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El mar y yo (cuento en español y portugués)

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(Foto: rutachalaca.home.blog ) Sentir el eco sordo del mar retirándose de la piedras pulidas y redondas del balneario de La Punta es el recuerdo más antiguo que tengo de mi contacto con el mar. La foto de una niñita cachetona, china de risa, con un sombrerito de sol, es una prueba permanente de ese recuerdo. Caminar encima de esas piedras, sin zapatos, era una terapia para los que teníamos los pies planos casi semejante a una tortura medieval, pero, para quien no quería incomodarse, usar unas antiestéticas zapatillas era la mejor solución a dicho problema. Otro recuerdo me viene a la memoria, el de ir por el circuito de playas, pasando por Barranco hasta llegar a Chorrillos, a una reservada y escondida playa en la época, llamada La Herradura. La Herradura era una playa de arena gris cenizo por causa de la cantidad de plomo que hay en ella. Hacer castillos de arena y caminar sin zapatos de la mano de mi papá me parecía la coronación perfecta de cualquier final de semana familiar. (F...

Una fugaz alegría, en la monotonía del paisaje urbano (microcuento en español y portugués)

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  Recuerdo que era un sábado en la mañana mientras caminaba por la calle Estocolmo, en dirección a la bodega. El paisaje urbano era monótono , pero, aun así, estaba lo suficientemente animado debido a los niños que se divertían jugando en medio de la calle. La bulla de los pequeños era irregular, matizada por gritos y por algunas lisuras que algunos palomillas incluían en sus juegos.  Un griterío como ese solo podía ser quebrado por una bulla peor y fue exactamente eso lo que ocurrió cuando escuché el sonido de una moto. La motocicleta que pasaba iba a una velocidad media lo suficientemente prudente como para permitir que todos los chiquillos salieran corriendo a la vereda para estar seguros de cualquier eventualidad. Varios de los niños levantaron la mano y otros en voz alta, saludaron, admirados, al motociclista que se llamaba Giovanni y era mi vecino . En los años ochenta un motociclista ya no era tan mal visto, pero en mi casa, había una fuerte desconfianza en usar ese me...

Carito, una niña que nunca se dejó etiquetar (microcuento en español y portugués)

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  Recuerdo que estaba sentada en mi carpeta del salón de clases delante de una oración gramatical que había escrito en una hoja de papel.  La veía como quien mira una compleja fórmula matemática ya que, me resultaba imposible hacer el análisis que me pedían en ese momento. Como por la ventana de ese ambiente, entraba la luz cálida de aquel cielo gris limeño, yo prefería observarlo con detenimiento.  El cielo era el marco de fondo de un cerro marrón sin ningún tipo de vegetación que se vislumbraba en el horizonte sin que yo en ese momento tuviese la menor idea que esas eran unas particularidades muy singulares de mi ciudad natal. La monjita, que me daba la clase de lenguaje, se dio cuenta que mis pensamientos estaban muy lejos de ese misterioso enigma que estaba escrito delante de mí y con mucha gentileza se acercó a preguntarme si me podía ayudar en algo.   Cuando, a pesar de su auxilio, terminé mi examen con un rendimiento mediocre debido a mi poca habilidad li...

Sus interminables oraciones... (Microcuento en español y portugués)

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Queridos amigos, a partir de hoy, eventualmente les voy a compartir en formato de microcuento, algunos recuerdos de mi infancia que a pesar de que tendrán un leve sabor de nostalgia, también revivirán la alegría de los buenos momentos vividos junto a personan inolvidables...   Lo que ustedes leerán de ahora en adelante, en el cuadro “Recuerdo aquella vez…”, serán los ecos de mi memoria… “Estaba sentada en el banco de una Iglesia, casi vacía, haciendo unos golpecitos con los dedos en el asiento demostrando mi impaciencia.  Mi hermano mayor echado en otro banco miraba el techo sin decir nada.  Los dos estábamos impacientes porque la misa ya había terminado y mi papá se había puesto a rezar a los pies de una imagen de la Virgen sus interminables oraciones. Siempre pasaba lo mismo, mi mamá, ya acostumbrada, se dirigía a la puerta de la Iglesia con mis hermanos menores para comprarles unos caramelos y tranquilizarlos.  Después de unos minutos, en esa situación, el sa...